En varias ocasiones, yo he ansiado debatir con usted, señor presidente, y jamás contestó, mucho menos se presentó y eso que yo le advertía que dado a su claro desconocimiento de las materias económicas y administrativas del país. Usted Iba a tener necesidad de todo ese grupo de personas que los rodean y qué sirven para ayudar a destruir el país.
Un reciente burgomaestre se jactaba que en su administración “el gasto general se mantenía en una proporción baja con relación al servicio público” y usando mucho su capacidad de nigromante político obtuvo muy buenos réditos. Sí, el mismo al que usted casi le quita los ojos y ha vuelto a poner en su “particular sociedad” de tres buitres politiqueros que ha hecho sobre pagar al ecuatoriano.
Por supuesto que
usted sabía que sus aliados se iban a esconder por encubrir sus corruptas
acciones.
Entienda ¡El pueblo le dio su autorización o fueron las malas mañas las que proclamaron su mandato! Para administrar el país que pertenece a todos los que somos ecuatorianos.
Es conocido que usted fue el que vio la oportunidad de convencer a una víctima de un derrame cerebral y pudo emular al cerebro y autor del atraco al Banco Société Générale de Niza, consumado entre el 16 y el 20 de julio de 1976, una leyenda muy apreciada de la delincuencia francesa que se consagró con la película bien conocida «Sans arme, ni haine, ni violence» (Sin armas, odio ni violencia) sobre el «robo del siglo».
Sin armas, odio
ni violencia, creía usted al planificar la indispensable dolarización y que logró
consolidar su sobredimensionada riqueza. Sin armas, odio ni violencia, puede
ser, empero muchas personas fallecieron porque el dinero guardado en los depósitos
a plazos para la operación médica, el cáncer u otra dolencia fatal, se vieron
envueltos en la desesperación: Son víctimas hasta hoy.
La pandemia usted
no la provocó, pero sus secuelas sí, incluso hoy con gran pomposa pose declara
¡Terminada la enfermedad! Difieren con usted la casi totalidad de científicos
que acaban de sugerir el quinto “refuerzo”.
Se paseó por
varios países, y ¿qué le dio China? una propina consistente en cincuenta mil
dólares que usted ‘regalo’ a la víctima de un deslave que causó la pérdida de
su casita.
Ya demostró que
de contabilidad nada sabe, me pregunto ¿Habrá oído de don Julio Urbina y
Ceballos-Escalera, marqués de Cabriñana del Monte, ¿quién era considerado la
máxima autoridad a la que acudir para decidir cualquier aspecto a la hora de
concertar un desafío? Esta obra se convirtió en la Biblia de los lances de
honor, un catecismo de caballerosidad que guio la celebración de numerosos
duelos.
Me siento
asqueado de su sistema y creo que la única salida suya es entregar el poder a
un junta Cívica-Militar que convoque a una Constituyente que ponga la nueva y
sólida base de leyes que se irán implementando.
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